Nacido en La Medida, un pequeño pueblo al sur de Tenerife, Laureano Márquez vive los primeros siete años de su vida descubriendo su habilidad innata para el humor y construyendo sueños para un futuro. Márquez, quien no conoció su padre hasta los siete años de edad embarca en 1971 hacia el escenario más importante de su vida, Venezuela. Este nuevo mundo representaba muchas oportunidades, pero requería de grandes sacrificios. El trabajo arduo en el negocio de mayoreo de víveres de su padre, le inculca el esfuerzo y la dedicación que mantiene hasta hoy en día.

Su pasión por el tema político sale a relucir cuando es electo presidente del Centro de Estudiantes de su liceo y poco después emprende su primer gran paso, el más difícil, mudarse a la capital dejando atrás a su familia. En su nuevo hogar, Caracas, en pocos años se transforma en licenciado en Ciencias Políticas de la UCV, habiendo formado ya su carácter crítico y de oposición confrontando nada más y nada menos que a su padre, quien gozaba de un excelente humor y era franquista hasta los huesos.

La ideología política y la vocación de humorista que representa este personaje, son admiradas por haber sobrevivido a grandes conflictos y transiciones, dejando rastros marcados de integridad, perseverancia y convicción, de que los sueños sólo se alcanzan con grandes pasos.

Laureano Márquez es un luchador social que ha elegido el humor como profesión. Su coraje y honestidad lo han convertido en un hombre de excepción, admirado y querido por un colectivo social que busca el significado detrás de la risa, la crítica detrás del chiste y la esperanza detrás de la sátira.

Incansable, su sable es la sátira y la risa es el instrumento de la verdad. Ha superado retos y derribado obstáculos y a pesar del éxito alcanzado, el día a día no está exento de dudas y miedos. Hombre de fino intelecto y convicción en lo que hace, literalmente puede convertirse en quien quiera, pero él prefiere los personajes políticos. Cierto es que esta preferencia requiere una alta dosis de coraje, pues la sátira va dirigida al poder establecido o gobierno de turno. El humor político es como una válvula de escape a la sociedad, para que la olla social no estalle. Como diría Claude Roy: "La verdad es demasiado cruel para decirla sin hacer reír". En ese sentido, el humor simplemente tiene el objetivo de mostrar opiniones y disidencias. Aclara Márquez, "yo no creo que el humor pretenda mostrar caminos". Sin embargo, él sabe que no es un simple comediante, y que muchos de sus puntos de vista se convierten rápidamente en vertientes de opinión pública.

Objeto de múltiples premios y reconocimientos por su ingenio e inteligente sátira del acontecer político, Laureano Márquez define su actuación en el escenario: "No voy a hacer un trabajo neutro. No hago chistes de los pajaritos en Etiopía, hago chistes de lo que está pasando aquí y fijo una posición frente a las cosas. Tengo una opinión que algunas veces es acertada y otras no. Creo que en una sociedad plural los que tenemos la misión de comunicar, simplemente expresamos nuestra visión del mundo. Al final, el público toma lo que le parece racional y necesario".

El humor es mejor cuando es serio. Laureano Márquez ha hecho de su ingenio una forma de vida y una larga trayectoria escénica así lo atestigua. Sus más recientes apariciones en "La Reconstituyente", "El Pantaletazo" y el programa informativo de Televen, "En este país" revelan que es un ferviente creyente en ese punto de equilibrio que exhaustivamente busca entre la crítica, la realidad y lo esperado: "no incito nunca a la violencia o la confrontación. Creo que las opiniones disidentes, lejos de perjudicar a un sistema, contribuyen a mejorarlo. Las peores sociedades son aquellas en las que no hay disenso. El humor es el acto de mostrar a la sociedad que el rey está desnudo, porque el poder -el acto de mayor solemnidad en una sociedad- es profundamente débil".

Laureano Márquez, destacado humorista, politólogo, columnista y libretista.